Escrito por: 5 más el descuento
viernes, 25.07.2025
En un verano cargado de incertidumbre, uno de los nombres propios del Albacete Balompié es, sin duda, el de Riki. El centrocampista asturiano, que llegó al club en enero de 2022, ha sido desde entonces mucho más que un jugador: ha sido emblema, corazón y brújula del equipo manchego. Su papel en el histórico ascenso en Riazor, precisamente frente al club que ahora pretende su fichaje, permanece grabado en la memoria colectiva de la afición blanca.
Desde su llegada, Riki ha sido un líder silencioso pero firme. En los buenos momentos, con su fútbol preciso y su despliegue incansable, y en los malos, cuando tocó remar contracorriente, asumiendo responsabilidades en el vestuario y dando la cara ante la adversidad. Por eso, duele verle ahora entre la preocupación y la tristeza, en medio de una situación incómoda alimentada por ciertos sectores que han dirigido críticas -injustas en algún caso- hacia su persona.
El Deportivo de La Coruña ha mostrado interés firme, pero las negociaciones parecen haberse enfriado en los últimos días. Mientras tanto, Alberto González sigue confiando en él, alineándolo en los compromisos de pretemporada como muestra de que, a pesar del ruido exterior, Riki sigue siendo importante para el equipo.
Y si finalmente se quedara… ¿qué pasaría? Quizá, solo quizá, el Albacete recuperaría esa versión madura y comprometida de uno de sus jugadores más determinantes. Quizá la afición volvería a abrazar al futbolista que fue clave en devolver al club al fútbol profesional. Porque a veces, lo que uno necesita no es cambiar de rumbo, sino redescubrir su sitio. Y puede que, pese a todo, el sitio de Riki siga estando en el Belmonte.