Escrito por: Hugo Piña
sábado, 06.09.2025
El arranque del Albacete Balompié en esta temporada no invita precisamente al optimismo. Trece goles encajados en cuatro partidos. Más de tres por encuentro. Unas cifras insostenibles para cualquier equipo que pretenda competir en el fútbol profesional, y mucho menos en una categoría tan exigente como la Segunda División.
La dinámica no es buena y lo más preocupante, en mi opinión, se vio en la segunda parte contra el Mirandés. Fue un descalabro futbolístico: tres goles encajados en apenas 45 minutos, un equipo desdibujado, sin claridad en ataque y absolutamente superado en defensa. Sensaciones alarmantes que van más allá de un simple mal día.
No soy partidario de precipitarse en juicios sobre el banquillo. Hablar de destituir a Alberto González me parece prematuro y, sobre todo, injusto. El técnico ha demostrado su capacidad y, a mi juicio, tiene crédito tanto del club como de la afición. Pero sí creo que es urgente replantear el estilo. Este Albacete no puede seguir siendo un kamikaze en cada partido, lanzado en un intercambio constante que lo deja desnudo atrás. Con una defensa que no llega a las coberturas y con Riki y Agus Medina, los llamados a dar equilibrio, completamente desorientados, la sangría está garantizada.
La solución, creo, no pasa por volverse conservadores, sino por volver a la esencia pragmática que el propio Alberto trajo al Belmonte en 2024, cuando el equipo necesitaba estabilidad y él supo darla. Eso sí: no basta con que el entrenador plantee un cambio, los jugadores deben asumirlo y creérselo. Porque en los finales de partido ante Almería, Racing, Cádiz y Mirandés el equipo se descompuso de forma muy similar. Demasiada casualidad para no ser síntoma de algo estructural.
Espero y deseo que se reaccione a tiempo. Confío en Alberto, pero el tiempo corre, y el Albacete no puede permitirse seguir siendo un kamikaze con una sola bala.