Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 20.10.2025
El Castellón–Albacete (0-1) fue un partido vibrante, intenso y con sabor a fútbol de verdad. Pero también dejó una sensación amarga compartida por ambos bandos: la de un arbitraje errático que deslució un gran espectáculo. Ni el colegiado Alonso de Ena Wolf ni el equipo del VAR, encabezado por Jorge Figueroa Vázquez, estuvieron a la altura de un encuentro que exigía temple, claridad y justicia.
Desde el inicio, las decisiones polémicas se acumularon. Pepe Sánchez vio una tarjeta amarilla incomprensible en una acción (ya lesionado) que dejó atónito al propio jugador y al banquillo manchego. El desconcierto fue creciendo hasta alcanzar su punto álgido en el minuto 88, cuando Higinio Marín fue expulsado con roja directa tras una acción sin balón con Alberto, jugador del Castellón. El VAR revisó la jugada… y, sorprendentemente, expulsó a los dos, pese a que las imágenes mostraban una entrada más torpe que violenta.
El Castellón, por su parte, también tiene motivos para la queja. En la primera parte, una mano clara de Jon García dentro del área pasó inadvertida tanto para el árbitro como para el videoarbitraje, privando al conjunto local de un posible penalti. Y en la acción de la tangana posterior a la falta sobre Higinio, el propio Alberto terminó expulsado con roja directa, cuando una amarilla habría bastado según la mayoría de analistas arbitrales.
En definitiva, el arbitraje en Castalia fue un despropósito compartido: el Albacete sufrió sanciones desmedidas y el Castellón reclamó lo que parecía un penalti evidente. Una tarde de errores que dejó a los dos equipos con la sensación de haber sido perjudicados por un VAR sin criterio y un árbitro sin control.
El fútbol ofreció emoción y entrega. El arbitraje, en cambio, ofreció dudas y frustración. En Castalia ganó el Alba, sí, pero perdió la justicia.