Escrito por: Rodrigo Quero
domingo, 09.11.2025
El Albacete Balompié salió de Ipurua con la sensación de haber sido castigado por un arbitraje muy discutido. No solo por los dos penaltis señalados en contra —ambos muy dudosos—, sino también por una gestión disciplinaria difícil de entender por parte de Manuel Ángel Pérez, del comité catalán.
La primera parte del equipo fue muy buena en cuanto a juego y control, pero el encuentro se fue ensuciando poco a poco por las decisiones arbitrales. Ya en el primer acto, el colegiado mostró dos amarillas al Albacete: una a Jon García, que podría considerarse justa, y otra a Antonio Pacheco, completamente innecesaria. El contacto fue mínimo, pero el jugador del Eibar exageró la acción, y el árbitro cayó en la trampa.
En la segunda mitad, el guion se repitió. El Alba bajó un punto su nivel, pero el criterio del colegiado volvió a ser protagonista. Javi Villar vio una tarjeta amarilla en una acción que ni siquiera parecía falta, y la balanza se volvió a inclinar hacia el conjunto local.
Los números lo reflejan: el Eibar cometió 15 faltas, por 11 del Albacete, pero el equipo de Alberto González fue el que acabó con tres amarillas por solo una del cuadro armero. Una estadística que refuerza la sensación general de trato desigual durante el encuentro.
A todo ello hay que añadir los dos penaltis señalados al Albacete, ambos muy cuestionables: uno por un leve contacto de Lizoain con Martón y otro por una mano involuntaria de Carlos Neva con el brazo pegado al cuerpo. Dos decisiones que marcaron el resultado final y que aumentaron la frustración de un equipo que había hecho méritos para puntuar en un campo tan exigente como Ipurua.