Lejos de encerrarse sin más, el Alba se asomó con timidez pero con intención. Lazo probó fortuna en el minuto 11 y Lorenzo Aguado volvió a intentarlo desde la frontal pasada la media hora. Incluso se atrevió a robar alto, demostrando que el plan no era solo resistir. El Madrid dominaba, sí, pero lo hacía sin profundidad, incómodo ante un Albacete sólido, bien plantado y paciente.
El Belmonte empezó a creer cuando llegaron los primeros córners, y la fe se transformó en locura en el minuto 43. Lazo puso el balón desde la esquina y Javi Villar, cumpliendo la inexorable ley del ex, apareció para cabecear el 1-0 y hacer estallar un estadio que se vino abajo. La sorpresa era ya una realidad. Sin embargo, cuando el descanso parecía un premio merecido, el Real Madrid golpeó. Huijsen obligó a intervenir a Lizoain y Mastantuono cazó el rechace para igualar el partido en el 47, dejando un sabor amargo a un Albacete que había firmado una primera parte sobresaliente.
La reanudación mantuvo el mismo guion. El Madrid aumentó el ritmo, presionó tras pérdida y obligó al Alba a dar un paso atrás. Tocaba sufrir. El Albacete buscó oxígeno en cada salida, resistiendo con orden y sin conceder ocasiones claras. Los minutos pasaban y, pese al dominio blanco, el partido se jugaba donde quería el conjunto manchego.
Con el paso del tiempo, el Alba volvió a sentirse cómodo. El Madrid apretó a balón parado, pero no lograba desbordar. A diez minutos del final, el Belmonte rugía al grito de “sí se puede”, consciente de que la hazaña estaba al alcance. Y estuvo cerca incluso antes del gol: Lunin salvó un disparo de Riki y un remate posterior de Agus, desviado por un defensor, rozó la red.
El delirio llegó en el minuto 81. Otro córner, varios rebotes y Jefte, escorado y casi sin ángulo, empujó un remate mordido que acabó en gol. El 2-1 desató la locura y acercó al Albacete a una noche épica. El Madrid, herido, empujó con todo y encontró el empate en el minuto 90, de nuevo a balón parado, con un cabezazo extraordinario de Gonzalo tras centro de Arda Güler.
Pero la Copa tenía guardado un último giro. En el minuto 94, a la contra, Jefte volvió a aparecer. Su primer disparo rebotó en Carvajal, el balón volvió a caerle y, esta vez sí, dibujó un remate espectacular por encima de Lunin para firmar el 3-2 definitivo. El Belmonte estalló. El pitido final confirmó lo impensable.
El Albacete eliminó al Real Madrid, 15 veces campeón de Europa, y escribió una de las páginas más gloriosas de su historia reciente. Honor, orgullo y una noche eterna para un club y una afición que demostraron que la Copa, cuando cae la noche, sigue siendo territorio de sueños.



