Escrito por: Rodrigo Quero
viernes, 30.01.2026
El Albacete Balompié afronta mañana, a partir de las 16:15 en el Carlos Belmonte, un partido con aroma a oportunidad. Los de Alberto González buscan sumar una nueva victoria en Liga, encadenar otra semana positiva y llegar con la moral por las nubes al gran foco del martes: la visita del FC Barcelona en Copa del Rey.
Enfrente estará un histórico como el Real Zaragoza, pero en horas bajas. El conjunto aragonés llega en puestos de descenso, a tres puntos de la permanencia y con la sensación de jugar cada jornada con el agua al cuello. Un triunfo en Albacete les daría alas, aunque sus números explican por qué están donde están: el Zaragoza es, junto al Huesca, el equipo que menos goles marca en la categoría, con 21 tantos a favor en 23 partidos. Un déficit ofensivo que pesa como una losa.
A ese problema arriba se le suma la fragilidad atrás. El Zaragoza es el tercer equipo que más goles ha encajado, con 35, uno más que el propio Albacete. Dos equipos, por tanto, con estadísticas defensivas pobres en el global, aunque con un matiz importante: el Alba ha sabido alternar esa vulnerabilidad con días de máxima seriedad. De hecho, es el equipo de Segunda que más porterías a cero ha firmado, con 10, una señal de que cuando el plan sale, el Albacete puede ser muy fiable atrás.
El choque también llega con un Zaragoza que, desde la llegada de Rubén Sellés, ha mostrado cierta mejoría respecto a la deriva anterior, cuando el equipo parecía insostenible. No le ha bastado para salir del pozo, pero sí para competir mejor y agarrarse a los partidos. Y en esta categoría, cualquier mínimo cambio se nota.
Por eso, aunque las cifras inviten a pensar en un rival “propicio”, el Albacete sabe que no puede fiarse. El Zaragoza está obligado a puntuar y eso lo convierte en un equipo peligroso. Para el Alba, la receta es clara: imponer ritmo en casa, sostener la mejora defensiva y aprovechar que, a diferencia del rival, tiene más capacidad para generar y convertir. Ganar sería dar otro paso firme para mirar hacia arriba… y llegar al martes con el Belmonte aún más enchufado.