Escrito por: Rubén Oliva
martes, 06.01.2026
Bajo la lluvia y el frío, el Albacete volvió a obsequiar a su afición con el enésimo ridículo en casa, con unas pésimas sensaciones que hacen prever otra gris temporada para un proyecto complicado de entender. A pesar de las repetidas declaraciones vendiendo humo sobre unas aspiraciones que no se confirman nunca, el Albacete Balompié vuelve a ser un equipo que frena una y otra vez la ilusión de una masa social que está, que quiere, y que cada verano repite en un acto de fe que confía en más.
Los resultados y el bochorno apuntan de manera primigenia a un Alberto González que no ha conseguido en ningún momento que este equipo juegue a algo. Además en su debe está el empecinamiento en querer tener una plantilla corta y en alineaciones y planteamientos que lo catapultan a la rampa de salida. Sin embargo, el dedo no puede tapar la luna de las causas principales de este barco a la deriva. A pesar de los millones y millones recibidos en traspasos en los últimos años, nunca se ha visto reflejado en decisiones deportivas correlativas. El Alba tiene un equipo súper limitado, con jugadores que no son para esta categoría como incluso el propio club reconoció con algunos invitándolos a salir en su momento.
Alberto pidió un delantero y Toché le trajo un lateral izquierdo el último día de mercado. Que el Alba no sea una verbena defensiva está condicionado a que Vallejo y Pepe Sánchez no tengan un resfriado. Tu delantero titular, al que declaraste trasferible en verano, es el mismo que en un uno contra el portero le tira el balón a las narices. Sin acritud, no es culpa de estos jugadores que dan lo que buenamente pueden.
El entrenador tiene culpa, pero la principal viene de arriba. Ahora hay un mercado de invierno para paliarlo en parte. Y a ser posible cuanto antes, no esperarse al último día y perder otro mes entero de competición como acostumbran.