Escrito por: 5 más el descuento
jueves, 12.02.2026
El partido disputado el pasado 8 de febrero de 2026 en el estadio ABANCA Riazor, correspondiente a la jornada 25 de LaLiga Hypermotion, sigue dejando consecuencias. Días después del encuentro entre RC Deportivo y Albacete Balompié, la indignación en la capital manchega no ha disminuido, sino todo lo contrario. El motivo: la confirmación por parte del propio Comité Técnico de Árbitros de errores graves cometidos durante el choque.
Lo que en caliente ya fue calificado como un ‘robo’ por parte de la afición blanca ha encontrado respaldo en los despachos. El gol mal anulado a Víctor Valverde, que suponía el 1-1 antes del descanso, fue reconocido posteriormente como un error arbitral. Aquella acción cambió por completo el rumbo del partido: del empate a la sentencia anímica con el 2-0 apenas instantes después.
A ello se sumaron dos penaltis no señalados: uno sobre José Carlos Lazo al inicio de la segunda mitad y otro sobre Agus Medina en el minuto 90, acción esta última que terminó, incomprensiblemente, con tarjeta amarilla para el jugador del Alba por supuesta simulación. Tres decisiones determinantes que condicionaron el resultado y que han quedado marcadas como una de las actuaciones arbitrales más polémicas de los últimos años para el conjunto manchego.
El acta del encuentro también recoge incidencias en la grada. En el minuto 1, aficionados locales ubicados en el Fondo Marathon Inferior, tras una pancarta con el texto “Nenos Descamisados”, entonaron durante aproximadamente cuatro minutos un cántico que incluía expresiones despectivas hacia el estadio de Balaídos. Asimismo, en el minuto 79, desde la misma zona se coreó durante unos segundos el grito “tonto, tonto” dirigido a un jugador visitante.
Aunque estos hechos forman parte del expediente, en Albacete el foco sigue puesto en lo ocurrido sobre el césped. La sensación de agravio no solo se sostiene en la percepción emocional de la derrota, sino en la ratificación oficial de errores que influyeron directamente en el marcador.
Lo sucedido en Riazor trasciende el resultado. Ha abierto un debate sobre el uso del VAR, la gestión arbitral en partidos de alta tensión y la necesidad de proteger la equidad competitiva. Porque cuando hasta el propio comité admite fallos decisivos, el enfado deja de ser una pataleta y se convierte en una cuestión de justicia deportiva.
En Albacete no se olvida. Y el ‘caso Riazor’, lejos de cerrarse con el pitido final, sigue escribiendo capítulos.