Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 06.04.2026
La temporada del Albacete Balompié está siendo un fiel reflejo de la irregularidad. Un equipo capaz de lo mejor… y de lo contrario apenas unos días después. Una montaña rusa de sensaciones que, a falta de pocas jornadas, hace prácticamente imposible que la afición se ilusione con objetivos más ambiciosos.
El último ejemplo llegó el pasado fin de semana ante el Burgos CF. La derrota en el Carlos Belmonte (2-3) no solo dolió por el resultado, sino por las formas. Tres meses después, el equipo volvía a encajar tres goles en casa, recuperando una vulnerabilidad defensiva que parecía corregida. Pero lo más preocupante no fue el dato, sino el cómo: falta de contundencia, errores groseros y una sensación constante de fragilidad que devolvió al equipo a la casilla de salida.
La grada, una vez más, se marchó desilusionada. No tanto por perder, sino por no reconocer a su equipo en momentos clave. Porque cuando el Albacete parecía haber encontrado cierta identidad competitiva, volvió a ofrecer su versión más débil.
Sin embargo, hay un factor que agrava aún más esta situación: las lesiones. Más allá de resultados o rendimiento, el gran problema del Alba esta temporada está en su enfermería. A día de hoy, el equipo acumula cerca de una decena de futbolistas entre lesionados y tocados, una circunstancia que condiciona por completo el trabajo de Alberto González.
Jugadores clave como Diego Mariño, Pepe Sánchez (cuyas molestias parecen remitir), Edward Cedeño, Valverde, Agus Medina, Javi Villar o Higinio Marín han estado o están fuera de combate. Siete nombres que explican muchas cosas. Siete ausencias que afectan directamente al rendimiento colectivo, a la estabilidad del once y a la capacidad de competir con regularidad.
Porque con tantas bajas, el técnico se ve obligado a improvisar, a modificar sistemas, a recolocar jugadores y a competir en desventaja jornada tras jornada. Así, resulta muy complicado construir una identidad sólida y sostenida en el tiempo. Además, es momento de recordar que en enero se marcharon Riki y Morcillo, dos futbolistas que no tienen recambio ni en la medular ni en el costado zurdo.
El Albacete es, en definitiva, un equipo condicionado. Por su irregularidad, por sus carencias estructurales… y por una plaga de lesiones que no da tregua. Y en ese contexto, pensar en algo más que la permanencia se convierte, hoy por hoy, en un ejercicio de optimismo difícil de sostener.