Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 06.04.2026
El Albacete Balompié dio un preocupante paso atrás el pasado fin de semana en el Carlos Belmonte. La derrota por 2-3 ante el Burgos CF no solo supuso la pérdida de tres puntos, sino la confirmación de un problema que parecía haber quedado atrás: la fragilidad defensiva.
Tres meses después, el Alba volvió a encajar tres goles en un mismo partido. Y lo hizo, además, en casa. Un escenario donde, pese a los irregulares resultados, el equipo había logrado estabilizar su rendimiento defensivo en las últimas semanas. Sin embargo, todo saltó por los aires ante el conjunto dirigido por Luis Miguel Ramis, que explotó cada debilidad manchega con una eficacia demoledora.
El dato no es menor. Entre el 4 de enero y el 4 de abril, el Albacete ha caído derrotado en tres ocasiones en el Belmonte, todas ellas con un patrón similar: 1-3 ante el CD Leganés, 1-2 frente al FC Barcelona en Copa del Rey y el reciente 2-3 ante el Burgos. Tres partidos que rompen una tendencia que invitaba al optimismo y que devuelven al equipo a una realidad mucho más incómoda.
Porque más allá de los resultados, lo verdaderamente preocupante fueron las sensaciones. El Albacete defendió mal, sin contundencia, sin coordinación y, sobre todo, sin energía. Cada llegada rival generaba incertidumbre y cada error se traducía en una ocasión clara. Un equipo largo, partido, incapaz de sostenerse en los momentos clave.
Las ausencias también explican parte del problema. Sin Pepe Sánchez ni Lluís López, la zaga pierde jerarquía, orden y liderazgo. La diferencia con ellos sobre el césped es evidente, y su ausencia deja al descubierto una línea defensiva sin recursos suficientes para competir con garantías.
Lo que parecía una evolución consolidada se ha demostrado, al menos por ahora, como una mejoría frágil. El Burgos no necesitó demasiado para hacer daño, y eso es lo que más inquieta en el entorno del Alba.
A ocho jornadas del final, el margen de error se reduce y el equipo necesita recuperar cuanto antes esa solidez que le permitió crecer. Porque sin ella, cualquier aspiración —ya sea mirar arriba o cerrar definitivamente la permanencia— se convierte en una misión mucho más complicada.