Escrito por: 5 más el descuento
domingo, 10.05.2026
La victoria del pasado sábado frente a la Cultural Leonesa dejó mucho más que tres puntos para un Albacete Balompié que ya navega sin urgencias clasificatorias tras haber certificado la permanencia una jornada antes. El 2-1 ante los leoneses sirvió para seguir cerrando la temporada con buenas sensaciones, pero también para poner sobre la mesa un debate que cada vez ocupa más espacio en el entorno del club: el futuro de Alberto González. Y lo hizo además de una forma tan inesperada como reveladora, con un Carlos Belmonte dividido entre los aplausos y algunos silbidos hacia su entrenador.
La imagen sorprendió por varios motivos. Primero porque el estadio registró la peor entrada de la temporada, apenas 6.647 espectadores. Y segundo porque, en un ambiente aparentemente tranquilo y sin tensión competitiva, parte de la afición decidió corear con fuerza un “¡Alberto quédate!” mientras otro pequeño sector respondía con silbidos que generaron un incómodo contraste en la grada. No quedó del todo claro si esos pitos iban dirigidos al técnico malagueño o a quienes pedían su continuidad, pero sí evidenciaron que el debate sobre el banquillo sigue muy vivo en el albacetismo.
Lo cierto es que cuesta entender que un entrenador que está a punto de alcanzar los 100 partidos oficiales con el Alba y que ha conseguido tres permanencias consecutivas todavía genere dudas en una parte del entorno. Más aún si se analiza el contexto de esta temporada. Alberto González ha tenido que convivir durante meses con una enfermería abarrotada, una plantilla corta y una segunda vuelta marcada por las lesiones de jugadores fundamentales como Higinio, Valverde, Agus Medina o Pepe Sánchez. A ello se sumó además la salida en enero de dos piezas capitales como Riki Rodríguez y Jonathan Morcillo, traspasados a Deportivo y Almería respectivamente, sin que el club lograse reemplazar realmente el perfil futbolístico que ambos ofrecían.
Y pese a todo ello, el Albacete volvió a salvarse con varias jornadas de margen. Una permanencia tranquila que, además, llegó acompañada de una histórica participación en Copa del Rey, eliminando al Celta de Vigo y al Real Madrid antes de recibir al Barcelona en un Carlos Belmonte que vivió noches que quedarán para siempre en la memoria del albacetismo.
Es cierto que el equipo ha mostrado irregularidad durante muchos tramos del curso y que el salto definitivo hacia posiciones de play off sigue pareciendo lejano. Pero también parece evidente que Alberto ha exprimido al máximo una plantilla limitada y castigada físicamente. El malagueño ha conseguido mantener al Alba competitivo prácticamente siempre y ha dotado al equipo de una identidad reconocible, algo nada sencillo en una categoría tan exigente e imprevisible como Segunda División.
Por eso mismo, los cánticos a favor de su continuidad retumbaron con más fuerza que los silbidos aislados. Porque buena parte del albacetismo entiende que la estabilidad que representa Alberto González no es precisamente un problema, sino posiblemente una de las grandes fortalezas del proyecto. El entrenador de Tolox conoce el club, conoce la categoría y ha demostrado capacidad para sobrevivir en escenarios muy complejos.
Ahora la pelota está en el tejado del club. Toché y la dirección deportiva deberán decidir si apuestan por la continuidad de un técnico que ha cumplido objetivos con nota o si, por el contrario, consideran que ha llegado el momento de buscar un nuevo rumbo. Lo que parece evidente es que Alberto González se ha ganado por méritos propios seguir siendo el entrenador del Albacete Balompié la próxima temporada. Y quizá el sábado, entre cánticos y silbidos, quedó claro que la mayoría del Belmonte también lo piensa.