EDITORIAL | Ni cuentas ni cuentos: Alberto renovación

Escrito por: 5 más el descuento

lunes, 11.05.2026

Hay situaciones en el fútbol que cuesta entender y la de Alberto González con el Albacete Balompié es una de ellas. A falta de pocas semanas para finalizar la temporada, con la permanencia certificada desde hace ya dos jornadas y con el equipo caminando de nuevo hacia un final de curso tranquilo en Segunda División, el club todavía no ha oficializado la renovación del entrenador que ha sostenido el proyecto en los momentos más complicados de los últimos años.

Y sí, resulta extraño. Muy extraño.

Porque Alberto González no solo ha cumplido el objetivo. Lo ha hecho tres veces consecutivas en el fútbol profesional, algo que en una categoría tan salvaje como LaLiga Hypermotion tiene un mérito enorme. El técnico de Tolox ha convertido la estabilidad en costumbre dentro de un club que hace no tanto convivía permanentemente con la incertidumbre. Sin embargo, el debate sobre su continuidad sigue abierto como si el equipo estuviera peleando por no descender o protagonizando una campaña decepcionante.

Nada más lejos de la realidad.

El Albacete ha vuelto a salvarse sin sufrir en exceso y además lo ha hecho en una temporada marcada por las lesiones, las limitaciones de plantilla y un mercado invernal que dejó más dudas que soluciones. Alberto perdió en enero a dos futbolistas fundamentales como Riki Rodríguez y Jon Morcillo, traspasados a Deportivo y Almería respectivamente, y el club no encontró reemplazos del mismo nivel. A partir de ahí tocó reinventarse.

Y Alberto lo hizo.

El malagueño modificó sistemas, cambió estructuras y buscó soluciones donde parecía no haberlas. Se inventó una defensa de cinco para frenar la sangría atrás, apostó por el doble lateral ante la ausencia de extremos puros y terminó encontrando la mejor versión ofensiva de Jefté Betancor, hoy referencia goleadora del equipo con quince tantos entre Liga y Copa. Todo ello mientras convivía durante meses con una enfermería repleta y teniendo que reconstruir alineaciones prácticamente cada semana.

Porque conviene recordar un detalle importante: un entrenador no obra milagros. Trabaja con las herramientas que tiene. Y Alberto, muchas veces, ha tenido pocas.

Si a un técnico se le quitan piezas importantes, se le reduce margen competitivo y aun así consigue sostener al equipo en una categoría tan exigente, quizá el problema no esté precisamente en el banquillo. Quizá el debate debería ir orientado hacia otro lado. Porque no parece razonable cuestionar al entrenador que ha conseguido estabilizar deportivamente al Albacete mientras el contexto competitivo cada vez es más duro.

Los números, además, respaldan claramente su trabajo.

Alberto González suma ya 97 partidos al frente del Alba con una media de 1,45 puntos por encuentro. Registros que mejoran los de Rubén Albés y prácticamente igualan los de Luis Miguel Ramis, dos técnicos muy valorados recientemente por el albacetismo. De hecho, Alberto ya es el segundo entrenador que más tiempo ha dirigido al Albacete Balompié en los últimos años, únicamente superado por Luis César Sampedro.

Y no solo son números. También hay contexto.

El equipo alcanzó este curso una Copa del Rey histórica, eliminando al Celta de Vigo y al Real Madrid para acabar recibiendo al Barcelona en un Carlos Belmonte que volvió a vibrar como hacía tiempo no lo hacía. Esa ilusión también forma parte del legado reciente de Alberto. Como también forma parte de él haber mantenido competitivo al equipo pese a las limitaciones estructurales.

Por eso sorprende que todavía no exista una decisión oficial.

Da la sensación de que el club continúa dudando sobre algo que debería tener bastante más claro. Alberto ha demostrado capacidad de adaptación, conocimiento de la categoría y, sobre todo, estabilidad. Tres conceptos fundamentales para un equipo cuyo principal objetivo sigue siendo consolidarse definitivamente en el fútbol profesional.

Porque la realidad de Segunda División es muy sencilla: subir o bajar muchas veces depende de un mes bueno o malo. Y en ese escenario, disponer de un entrenador que conoce el entorno, domina la competición y ha demostrado resultados parece más una ventaja que una incógnita.

Ahora la pelota está en el tejado del club, de Toché y también de una propiedad que deberá decidir qué proyecto quiere construir. Si la intención es seguir creciendo, competir y aspirar a algo más en el futuro, el primer paso debería ser mantener una base sólida. Y hoy esa base tiene nombre y apellidos: Alberto González Fernández.

Después, evidentemente, tocará darle herramientas. Porque ningún entrenador puede construir un proyecto ambicioso sin recursos suficientes. Pero lo que parece evidente es que el técnico andaluz ya ha hecho méritos más que suficientes para seguir liderando el banquillo del Carlos Belmonte.

Y quizá lo más importante de todo: el Albacete difícilmente encontrará alguien más preparado para entender lo que hoy necesita este equipo.