Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 11.05.2026
El Albacete Balompié venció este sábado a la Cultural y Deportiva Leonesa por 2-1 en un partido entretenido y con un final trepidante, pero el encuentro dejó una imagen llamativa en las gradas del Estadio Carlos Belmonte. Apenas 6.647 espectadores acudieron al estadio manchego, la peor entrada de toda la temporada.
La cifra contrasta de manera notable con la media que ha venido registrando el Alba durante el curso, superando habitualmente los diez mil aficionados en el Belmonte. El ambiente vivido frente a la Cultural evidenció una realidad difícil de esconder: la permanencia matemática, conseguida días antes, ha reducido drásticamente la tensión competitiva y también parte del interés de una afición que venía sosteniendo al equipo durante todo el año.
Sin objetivos clasificatorios reales por delante, y con el play off descartado desde hace semanas, muchos aficionados optaron por no acudir al estadio en una tarde marcada además por el sentimiento de final de curso. El equipo de Alberto González ya no juega con la presión del descenso, pero tampoco con la ilusión tangible de pelear por algo más ambicioso.
La realidad del encuentro frente a la Cultural fue precisamente esa: un partido liberado en lo deportivo y también en lo ambiental. El Belmonte estuvo lejos de las grandes noches vividas esta temporada, especialmente en Copa del Rey, donde el estadio presentó llenos espectaculares frente a gigantes como el Real Madrid o el Barcelona. El contraste fue evidente.
Y eso que el equipo respondió sobre el césped. El Alba volvió a competir, mostró pegada y dejó detalles positivos ante un rival incómodo y que se jugaba la vida. Sin embargo, parte del albacetismo parece haber desconectado ya mentalmente de una temporada que, aunque terminará con el objetivo cumplido, deja la sensación de haberse quedado a medio camino entre la tranquilidad y la ambición.
Todavía resta un último partido como local, dentro de dos semanas, frente al filial de la Real Sociedad. Será la despedida del curso en el Belmonte y también una nueva oportunidad para medir el estado de ánimo de una afición que ha pasado este año de la ilusión copera a una recta final bastante más fría y descafeinada.
Porque el Alba ya está salvado. Pero el reto ahora pasa también por mantener viva la conexión con una grada que durante gran parte del año sí respondió.