Escrito por: 5 más el descuento
sábado, 02.05.2026
Victoria de oficio del Albacete Balompié en su visita al FC Andorra (0-1). Un triunfo de los que no se explican desde la estética, pero sí desde la competitividad. Los manchegos sobrevivieron al dominio local, supieron sufrir sin balón y encontraron el premio en el momento justo para alcanzar los 50 puntos el 1 de mayo.
El guion fue claro desde el inicio: posesión abrumadora del Andorra —hasta un 78%— y un Albacete ordenado, compacto y sin concesiones en su área. Los de casa amasaban el balón, pero sin filo. Mucho toque, poca profundidad. Y cuando lograron encontrar algún resquicio, apareció la figura de Raúl Lizoain.
El guardameta canario firmó una actuación impecable, transmitiendo seguridad en cada intervención y sosteniendo al equipo en los momentos de mayor insistencia local. No es casualidad que fuese designado MVP del encuentro por LaLiga. En medio del debate sobre su futuro, Lizoain respondió con hechos: sobriedad, reflejos y liderazgo bajo palos.
Mientras tanto, el Alba aguardaba su oportunidad. Sin apenas presencia ofensiva durante gran parte del choque, el equipo de Alberto González se mantuvo firme en su plan: resistir y aprovechar cualquier error. Y ese error llegó en el minuto 86. Un fallo defensivo del conjunto andorrano abrió la puerta al gol visitante, ese que terminó decidiendo el partido y desatando la alegría en el banquillo manchego.
No fue un triunfo brillante, pero sí tremendamente valioso. Porque ganar así también cuenta, y mucho más en una categoría donde cada detalle marca la diferencia. El Albacete suma tres puntos que le llevan hasta los 50, cifra que huele a permanencia matemática y que confirma que el objetivo, con mayor o menor sufrimiento, está prácticamente cumplido.
En Andorra, el Alba no necesitó el balón. Le bastó con orden, paciencia y un portero que lo paró todo. A veces, el fútbol también se gana así.
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