Proyecto, proyecto, proyecto (Opinión)

Escrito por: Bienvenido Picazo

jueves, 28.05.2026

Se ha confirmado la renovación de Alberto González, entrenador que no ha dejado indiferente a nadie, pero al que debemos buena parte de lo que somos hoy.

Nunca supe mucho de fútbol y cada vez sé menos, pero la renovación de este entrenador, tengo para mí que es señal de que hay un plan. En estos tiempos, tener un designio, aunque no sea maravilloso, es mejor que improvisar o condicionarse por un calentón.

Cumplir cinco años consecutivos en Segunda no está al alcance de todo el mundo y más para un equipo como el nuestro que ha vivido siempre con las urgencias de no tener tiempo o no saber planificar a largo plazo. Tras el último ascenso, el subidón del primer año y el subsiguiente vértigo del despeñamiento, llegó un tal González y, todavía no sabemos bien cómo, dejó al Alba en Segunda. Después han venido dos años, naturalmente con la incertidumbre de seguir sin saber quiénes somos y, miren ustedes por dónde, hemos llegado vivos para cumplir un lustro en la división de plata.

Estaba estresado pensando en cuáles serían los planes de los dueños del cotarro y, sabiendo fehacientemente que nuestro míster despierta recelos y amores casi al 50%, y, en suma, creo que es una buena señal que se haya decidido por la continuidad. Alberto González probablemente no es el mejor entrenador del mundo, ni muchísimo menos el peor, ni tampoco el Alba tiene plantilla para pasearse por Europa, pero por encima de estos avatares está el proyecto, están las miras a largo plazo. Ya sabemos que el fútbol no es precisamente lugar idóneo para impacientes; si se quiere hacer algo serio, hay que tener amplitud y altitud de miras. Sí, ya sé que queremos ganar todos los domingos (o lunes, o cuando sea), pero hay que tener la frialdad suficiente para saber quiénes somos. De ahí que decidir apostar por el malacitano, me parezca una señal de “tenemos un proyecto”, y para qué engañarnos, tener en el banquillo rival a Alberto González, a mí no me inspiraría ninguna confianza.

Los que tenemos una edad, difícilmente reconocemos el fútbol de hoy con el de antes, así que vamos a dar por bueno que Albacete (la ciudad y su provincia), siga disfrutando del fútbol profesional y asumamos que no tenemos las capacidades económicas ni sociales ni históricas ni políticas de otros. Manejando nuestra idiosincrasia y sabiendo lo que somos podremos aspirar a más. En muchos momentos he pensado que el amado Alba podría terminar como el Real Zaragoza o el Valencia CF o como tantos otros, pero, y siempre desde la distancia y el desconocimiento, no veo similitudes, más allá de que los que nos gobiernan no son de por aquí. Suponiendo que los de por aquí sean mejores gestores, y no me hagan ir a la hemeroteca.

El caso es que tras el inolvidable “Riazorazo” (todavía me acuerdo del whatsapp que me mandó mi hija -no tuve gónadas para verlo en directo- y del temblor que me entró y que no pude compartir con nadie porque estaba con gente que ni sabía de la existencia de Albacete), pero tuve cuajo para pensar “si aguantamos cinco años seguidos en Segunda, volveré a ver a los míos en Primera”. “Eso sí -seguía cogitando-, con una gestión decente” y, hasta el día de hoy se han cumplido mis presagios, reconozco que el marcapasos lo tengo amortizadísimo y mi terapeuta, hace tiempo que se volvió a Buenos Aires, porque ya no aguantaba más ni mis depresiones ni mis rollos macabeos. Sin duda no me entiende ni entiende a los de mi pueblo, que son ustedes, no se hagan los encontradizos.

Un entrenador pasa, como, por otra parte, todos pasamos, pero la renovación es señal de plan. ¿Dónde atan los perros con longanizas? ¿Dónde se compran goleadores infalibles y dónde porteros como Yashin? Pues eso, tranquilidad, no dilapidemos lo que no tenemos, juguemos con la imaginación y dejemos que otros se gasten lo que nosotros, ay, no podemos.

Tenemos un mundial por delante, unas vacaciones, mil rumores, mil promesas y miles de planes, pero pensemos que hay muchos que envidian nuestra suerte.

La temporada -como todas-, ha sido mejorable, pero seamos sensatos, tenemos unos cimientos que son imprescindibles para emprender otras empresas. Pensemos que igual que tendemos a quejamos de vicio, también podríamos estar llorando por la leche derramada.