Escrito por: 5 más el descuento
lunes, 08.06.2026
El Atlético Albacete sigue soñando con el ascenso a Segunda Federación, pero más allá del resultado y de una clasificación épica conseguida el pasado fin de semana ante el Manchego, la eliminatoria ha vuelto a poner sobre la mesa un nombre propio que lleva tiempo ganándose elogios desde el silencio: Ricardo Fajardo.
El técnico albaceteño volvió a demostrar en la vuelta de semifinales algo que va mucho más allá del marcador. El filial blanco necesitaba remontar un complicado 2-0 encajado en la ida y el equipo respondió con personalidad, madurez y una lectura táctica impecable. El Atlético Albacete supo jugar el encuentro en cada momento, explotó sus fortalezas y atacó precisamente donde más sufría el rival. Nada pareció improvisado. El Manchego mostró debilidades que el cuerpo técnico del filial tenía perfectamente estudiadas.
Y esa capacidad de análisis y adaptación no es fruto de la casualidad.
Ricar es un hombre de la casa. Uno de esos entrenadores que han ido creciendo paso a paso dentro de la estructura del Albacete Balompié, pasando por categorías inferiores y construyendo una trayectoria lejos del ruido mediático. Su conocimiento de la cantera y de la identidad del club es absoluto.
Su regreso al banquillo del Atlético Albacete en diciembre de 2023 marcó un punto de inflexión. El filial atravesaba entonces un inicio irregular y el objetivo inmediato era salvar una situación que comenzaba a complicarse. La reacción fue inmediata. En los últimos veinte partidos de aquella campaña el equipo sumó 37 puntos, convirtiéndose en el tercer conjunto más en forma del Grupo XVIII y anotando además 34 goles.
Aquello no fue un simple parche. Fue el prólogo de algo más grande. La temporada siguiente confirmó definitivamente la progresión del proyecto. El Atlético Albacete finalizó segundo con 63 puntos, se convirtió en el equipo más goleador de la competición con 61 tantos y se quedó a solo un punto del liderato. El sueño del ascenso se frenó entonces ante el Socuéllamos, equipo que terminaría subiendo de categoría, pero las sensaciones ya eran muy distintas.
Ahora vuelve a encontrarse a las puertas de algo importante. La cuestión que comienza a plantearse alrededor del club ya no tiene tanto que ver con el resultado final de la eliminatoria ante el Leioa. La verdadera pregunta es qué hará el Albacete con uno de los entrenadores con mayor proyección que tiene actualmente en su estructura.
Porque Ricar finaliza contrato el próximo 30 de junio y su trabajo comienza a ir mucho más allá de los resultados inmediatos. Ha desarrollado jugadores, ha creado una identidad reconocible y ha conseguido competir desde una idea clara.
Además, existe otro detalle que define todavía más su perfil. Ricar compagina su trabajo en el filial con su labor como maestro, un reflejo bastante fiel de una personalidad discreta, formativa y cercana que encaja perfectamente en la filosofía que el Albacete intenta proyectar.
La afición, mientras tanto, empieza a mirar más lejos. Algunos ya observan en Ricardo Fajardo una posibilidad de futuro para el primer equipo. Puede parecer prematuro, pero cada fin de semana aparecen más argumentos que respaldan esa teoría.
El Albacete tiene ahora una decisión por delante. Apostar por uno de los entrenadores que mejor conocen su ADN o correr el riesgo de dejar escapar un talento que se ha ganado absolutamente todo desde abajo.
Porque hay entrenadores que llegan. Y hay otros que crecen dentro de casa. Ricar pertenece claramente a los segundos.