Alberto medita y confía en evolucionar a este Albacete: ¿por donde pasa la mejora?

Escrito por: 5 más el descuento

lunes, 13.07.2026

Pocas cosas definen mejor a Alberto González que su capacidad para adaptarse a las circunstancias. Desde su llegada al banquillo del Albacete Balompié, el técnico malagueño ha demostrado que no es un entrenador esclavo de un único sistema, sino un estratega que prioriza el rendimiento colectivo por encima de cualquier dibujo táctico. La temporada 2025/26 volvió a ser el mejor ejemplo de ello.

El curso comenzó con un 4-2-3-1 que parecía inamovible. Alberto apostaba por un fútbol vertical, con extremos profundos, un mediapunta con libertad y un doble pivote que diera equilibrio a un equipo que buscaba atacar con rapidez. Sin embargo, el paso de las jornadas evidenció que el Alba sufría demasiado en tareas defensivas. El equipo generaba ocasiones, pero concedía espacios que le penalizaban en exceso.

Fue entonces cuando volvió a aparecer la principal virtud del entrenador: la capacidad para reinventarse. A partir del tramo invernal, y coincidiendo con la exigencia de la Copa del Rey, Alberto modificó el sistema y apostó por un 5-3-2que transformó por completo el comportamiento del equipo. La defensa ganó solidez, los centrales encontraron más protección y los carrileros comenzaron a convertirse en una de las grandes armas ofensivas del Albacete.

En ese contexto, Carlos Neva dio un paso adelante. El granadino terminó imponiéndose en el carril izquierdo y elevó el nivel mostrado anteriormente por Jonathan Gómez. En la derecha, Fran Gámez y Lorenzo Aguado encontraron también un escenario ideal para explotar su recorrido, convirtiendo las bandas en una fuente constante de peligro.

La evolución táctica llegó, además, en el momento más complicado del curso. Las lesiones castigaron con dureza al vestuario. Futbolistas tan importantes como Pepe Sánchez, Jesús Vallejo o Agus Medina pasaron por la enfermería, mientras que en el mercado invernal el equipo perdió a dos piezas fundamentales como Riki y Jon Morcillo.

Lejos de resignarse, Alberto volvió a reinventar al equipo. Sin extremos naturales tras las lesiones de Víctor Valverde y Antonio Puertas, el Alba encontró una nueva vía de ataque. Los carrileros asumieron prácticamente toda la profundidad ofensiva y jugadores como Jonathan Gómez o Fran Gámez terminaron actuando casi como extremos, respaldados por una defensa de tres centrales que permitía sostener el equilibrio.

El resultado fue un equipo mucho más competitivo, capaz de minimizar sus debilidades y explotar al máximo sus virtudes. Esa flexibilidad táctica permitió al Albacete completar una temporada tranquila pese a todas las dificultades que surgieron por el camino.

Ahora comienza un nuevo desafío. La plantilla ha cambiado y el mercado todavía no ha terminado. La renovación de Carlos Neva, la llegada de futbolistas como José Corpas, Mario Soberón o Sergio Ortuño y los refuerzos que aún están por llegar podrían volver a modificar la idea inicial del entrenador.

La gran incógnita de la temporada 2026/27 será precisamente esa: ¿con qué sistema arrancará Alberto González? Si las lesiones respetan al equipo y la dirección deportiva consigue completar la plantilla con los perfiles deseados, el técnico podría recuperar su tradicional 4-2-3-1. Sin embargo, el excelente rendimiento ofrecido por el 5-3-2 invita a pensar que esa estructura seguirá muy presente como alternativa o incluso como sistema principal.

Sea cual sea el dibujo, hay algo que parece seguro. Alberto González volverá a construir un Albacete adaptable, competitivo y capaz de evolucionar durante la temporada. Porque si algo ha demostrado el técnico malagueño es que, en el fútbol moderno, los sistemas son importantes, pero mucho más lo es la capacidad para encontrar soluciones cuando aparecen los problemas.