Escrito por: Bienvenido Picazo
martes, 07.07.2026
Transcurre el estío tal cual estaba previsto, o sea, calor, serpientes de verano, rumores y lo de siempre por estas fechas. Lo único que está cambiando algo las idas y venidas a la piscina es el Mundial.
Como este macroevento se está jugando, un poquito más allá de las Lagunas de Ruidera, estamos obligados a trasnochar; aprovecho la intimidad que nos depara esta página para confesarles que todavía no he perdido una hora de mi preciado sueño. El impenitente futbolero también tiene sus prioridades.
He intentado fijarme en algún jugador que deambulase -a horas cristianas-, en alguna selección exótica y, como sigo sin saber de esto, no he captado nada que traerme para el Belmonte. He visto bien poquito lo reconozco, pero sigo pensando en Conejo y en cómo llegó a nuestra casa directamente de Italia ‘90. Imagino que Toché y los otros de la sala de máquinas sí que estarán estudiando, viendo y sumando y restando a ver si dan los números y las necesidades de nuestro Alba.
Ya tenemos los calendarios que nos van a quitar la vida, el de los mayores y el de los chiquillos. A priori el panorama no varía, los equipos están sin hacer y los cuentos de la lechera no deben imponerse al sentido común. Lo importante es ser el Albacete Balompié, no pretendamos marcar antes el segundo gol que el primero, dejemos que el Atlético se foguee y pague su llegada al patio de los mayores. Estemos preparados para los disgustos que llegarán, tengamos altitud de miras y dejemos las exigencias para mejor ocasión.
Yo, que soy un inveterado pesimista, tengo buenas vibraciones para este curso, quizá sea el hecho de cumplir cinco años seguidos en Segunda lo que me anima o, a lo mejor es la sensación de que ya toca dejar de padecer, porque, no sé a ustedes, pero los inviernos se me hacen eternos. Estoy cansado de tanta montaña rusa de no saber si somos buenos o somos un desastre. En suma, que teniendo siempre los pies en la tierra y sabiendo que hasta Semana Santa no sabremos qué nos deparará el futuro, sigamos paseando por las sombras, sigamos recuperando las lecturas que -en muchas ocasiones-, por culpa de los de blanco dejamos arrumbadas y sigamos soñando con ver a nuestro Alba un poquito más arriba. Que esa es otra, más arriba los matones del recreo habituales tienen a todo el patio acobardado. Y, es que, en el fondo, no se está tan mal en Segunda, todos igualitos jugando una competición preciosa -sobre todo para los vendedores de marcapasos- y sin los macarras que condicionan y prostituyen todo lo que tocas, sea fútbol, baloncesto o petanca.
Ya sólo nos faltan las camisetas que, ojalá no sean tan horriblemente posmodernas como estos últimos años. Si se me permite la sugerencia, sólo pido que sean de colores reconocibles y manchegos.