Escrito por: 5 más el descuento
sábado, 22.08.2026
El Albacete Balompié tampoco pudo estrenar su casillero de puntos en casa. El conjunto de Alberto González cayó ante la Real Sociedad B (1-2) en un partido que comenzó con ilusión, pero que terminó dejando más dudas que certezas. Dos jornadas, dos derrotas y un proyecto renovado que todavía no encuentra respuestas.
El debut ante su afición llegaba condicionado, otra vez, por las lesiones. Alberto tuvo que improvisar y apostó por una defensa de cinco con San Bartolomé y Ortuño en la medular, Rober y Corpas ocupando las bandas y Álex Rubio como referencia ofensiva. La gran novedad del mercado, Munir, tuvo que ver el encuentro desde fuera. Su estreno como jugador del Alba tendrá que esperar, al menos, una semana más.
El arranque fue prometedor. El Albacete salió con energía y Corpas protagonizó la primera aproximación realmente peligrosa. El extremo encontró espacio y puso a prueba a un Fraga que respondió con seguridad. Parecía que el guion podía ser el esperado: el Alba llevando el peso y la Real Sociedad B intentando resistir.
Pero el fútbol volvió a ser cruel con los manchegos.
En la siguiente acción, el filial donostiarra encontró el camino hacia el gol. Mariezcurrena, en el minuto 6, aprovechó una nueva vulnerabilidad del Albacete en el juego aéreo para poner el 0-1.
Un mazazo para un equipo que apenas había tenido tiempo de instalarse en el partido. El debut en el Carlos Belmonte se torcía demasiado pronto y, a partir de ese momento, el conjunto manchego tuvo que remar contracorriente.
La Real B cedió metros, protegió su ventaja y esperó su oportunidad para correr. El Alba acumuló posesión y aproximaciones, pero le faltó claridad. Corpas volvió a disponer de situaciones para empatar, aunque no estuvo acertado en la definición. Y cuando consiguió superar a la defensa, apareció Fraga.
El juego ofensivo del Albacete tampoco terminaba de fluir. Álex Rubio no encontró su sitio y Rober pasó prácticamente desapercibido. La medular tenía dificultades para conectar con los atacantes y el equipo se fue haciendo cada vez más previsible.
En el minuto 40 llegó una de las acciones más polémicas del encuentro. San Bartolomé reclamó penalti después de un pisotón dentro del área. Las imágenes televisivas parecieron mostrar una acción susceptible de ser sancionada, pero ni Lax Franco, sobre el césped, ni Del Cerro Grande, desde el VAR, consideraron que hubiera infracción suficiente para señalar la pena máxima.
El Albacete se marchó al descanso sin premio y con la sensación de que el partido se le estaba escapando.
Y todavía quedaba un golpe más.
Cuando el cronómetro ya había superado los 45 minutos, Gorosabel apareció para marcar el 0-2. Un disparo que encontró una respuesta desafortunada de Mariño, que no consiguió blocar ni taponar el balón y terminó viendo cómo se colaba en su portería.
El Belmonte respondió con pitos. Apenas habían transcurrido 45 minutos de la temporada como local y el marcador ya reflejaba una situación preocupante.
Alberto González reaccionó en el descanso. La defensa de cinco desapareció y también lo hicieron del terreno de juego Vallejo y Rober. El técnico buscó un equipo más ofensivo, con mayor presencia en campo rival y más capacidad para generar ocasiones.
Y el cambio funcionó.
El Alba fue otro después del descanso. Más agresivo, más profundo y con mayor presencia cerca del área visitante. Soberón tuvo un par de oportunidades claras para devolver al equipo al partido, pero nuevamente apareció Fraga para convertirse en el gran salvador de la Real Sociedad B.
El portero visitante sostuvo a los suyos cuando más apretaba el Albacete y consiguió mantener una ventaja que parecía cada vez más frágil.
Pero el paso de los minutos volvió a evidenciar otro problema: al Alba le cuesta gobernar los partidos desde el centro del campo. Cuando el ritmo bajó, el conjunto manchego volvió a atascarse. Faltaba pausa, precisión y, sobre todo, capacidad para encontrar soluciones ante un rival que ya defendía con todo.
Alberto buscó una solución en el banquillo y recurrió a Agus Medina, que regresaba seis meses después de una lesión. Su entrada tenía precisamente ese objetivo: aportar criterio y manejo a un equipo que comenzaba a jugar más con el corazón que con la cabeza.
Cuando parecía que el Alba estaba abocado a la derrota, apareció Dani Bernabéu.
El cartagenero recibió en la frontal y soltó un magnífico disparo para hacer el 1-2 en el minuto 80. Primer gol del futbolista en LaLiga y, sobre todo, una inyección de vida para un Albacete que llevaba muchos minutos perdido.
El tanto cambió el escenario. El Belmonte volvió a creer y el equipo se lanzó hacia arriba en busca de un empate que, por momentos, parecía posible.
Pero faltó lo de casi toda la noche: el último pase, la última decisión, el último toque capaz de convertir el dominio en una ocasión realmente clara.
El Alba apretó más por empuje que por fútbol. Las piernas ya pesaban, las ideas escaseaban y la Real B defendía cada balón como si fuera el último. Los minutos se consumieron sin que llegara el empate.
Y todavía hubo tiempo para una nueva mala noticia: Víctor San Bartolomé tuvo que abandonar el terreno de juego lesionado, ampliando una nómina de problemas físicos que ya condiciona demasiado pronto al proyecto.
El pitido final certificó el 1-2 y dejó al Albacete con un preocupante 0 de 6 puntos en este inicio de campeonato.
La derrota duele especialmente porque el estreno en el Belmonte debía servir para cambiar las sensaciones después del primer tropiezo liguero. No fue así. El equipo volvió a mostrar problemas defensivos, especialmente en el juego aéreo, dificultades para generar desde la medular y una evidente falta de eficacia cuando consiguió llegar al área rival.
La reacción del segundo tiempo ofrece un pequeño rayo de esperanza, pero no oculta el problema de fondo. El Alba necesita encontrar un centro del campo más eficiente y resolutivo, recuperar efectivos y esperar la incorporación de jugadores como Munir para elevar el nivel ofensivo.
El proyecto de Alberto González acaba de comenzar, pero el arranque no puede ser más exigente: dos jornadas, dos derrotas y muchas preguntas pendientes de respuesta.