Escrito por: 5 más el descuento
viernes, 18.09.2026
El Albacete volvió a tropezar con la misma piedra. Cuando parecía que el equipo manchego había encontrado por fin el camino después de cinco jornadas para olvidar, el fútbol volvió a ponerle delante un espejo demasiado conocido. El conjunto blanco se adelantó a los treinta segundos, dominó con claridad durante buena parte del primer tiempo y llegó a someter a un Córdoba que apenas encontraba respuestas. Pero todo se vino abajo tras el descanso. Isma Ruiz y Diego Percan dieron la vuelta al marcador y dejaron al Alba sumido, otra vez, en la frustración.
El partido no pudo comenzar mejor para los locales. Apenas habían transcurrido treinta segundos cuando Álex Rubio apareció para aprovechar una sutil asistencia de Mario Soberón y mandar el balón al fondo de la red. El Belmonte respiró. Por primera vez en toda la temporada, el Albacete se veía por delante en el marcador. Después de cinco jornadas en las que todo había salido mal, aquel gol parecía algo más que un simple tanto: era una liberación.
Y durante muchos minutos, el equipo respondió.
El 4-4-2 planteado por Alberto encontraba sentido con Soberón y Álex Rubio arriba. El Alba presionaba, ganaba duelos y llegaba con facilidad a las inmediaciones del área cordobesista. El Córdoba parecía superado por el ritmo y la intensidad de un rival que salió al césped con una urgencia evidente.
El marcador, de hecho, pudo ser mucho más amplio.
Hasta dos goles más celebró el Albacete que terminaron siendo anulados después de la intervención del VAR. Primero fue Lluís López, en el minuto 10, y después Mario Soberón, apenas cinco minutos más tarde. Dos golpes que no subieron al marcador y que impidieron al conjunto manchego obtener la tranquilidad que estaba buscando.
No se quedó ahí el acoso. Agus Medina también tuvo una buena oportunidad poco después, en otra acción que volvió a poner en aprietos a un Córdoba por momentos inerte. El Alba estaba siendo claramente superior y tenía al rival contra las cuerdas.
Pero perdonar siempre tiene un precio.
Con el paso de los minutos, el Córdoba consiguió sacudirse el dominio local. La lesión de Lorenzo, que tuvo que abandonar el terreno de juego por molestias musculares, fue otro elemento que modificó el escenario. El conjunto andaluz empezó a tener más balón y a adelantar sus líneas, tratando de llevar el partido a un terreno en el que pudiera sentirse más cómodo.
El Albacete aceptó el cambio de guion. Y, en realidad, también encontró espacios para hacer daño.
Los manchegos buscaron entonces la velocidad y la transición, el fútbol de contragolpe que más les convenía ante un Córdoba obligado a asumir más riesgos. Soberón y Corpas tuvieron en sus botas la posibilidad de ampliar la ventaja, pero faltó precisión en el último gesto. Faltó ese gol que habría puesto al Alba en una situación mucho más cómoda.
Al descanso, por tanto, la sensación era extraña. El Albacete había sido muy superior durante buena parte de la primera mitad, había marcado y había generado ocasiones suficientes como para marcharse con una ventaja amplia. Pero el partido seguía abierto.
Y ahí comenzó el otro Albacete.
El que tantas veces ha aparecido en este inicio de temporada.
Tras el paso por vestuarios, el equipo se descompuso. Lo que había sido intensidad se convirtió en dudas; lo que había sido dominio pasó a ser sufrimiento. El Córdoba encontró espacios y el Alba dejó de tener el control de un partido que durante muchos minutos había tenido completamente bajo su mando.
La falta de acierto terminó convirtiéndose en el gran enemigo manchego. Las ocasiones que no habían entrado en la primera mitad acabaron pesando demasiado. El Albacete había tenido la oportunidad de cerrar el encuentro y no lo hizo.
El Córdoba, en cambio, necesitó mucho menos.
Isma Ruiz encontró el camino del empate y, cuando todavía escocía el golpe, Diego Percan terminó de completar la remontada. Dos acciones fueron suficientes para convertir en derrota lo que durante buena parte de la noche había parecido una victoria encaminada.
El Belmonte pasó de la ilusión al desconcierto.
Y el Albacete vuelve a quedarse sin respuestas.
La derrota no solo deja al equipo sin premio después de una primera parte en la que mereció mucho más. También vuelve a poner sobre la mesa las mismas preguntas que llevan acompañando al conjunto manchego desde el comienzo del campeonato. Cinco jornadas anteriores ya habían encendido las alarmas y este partido, pese a una primera mitad esperanzadora, vuelve a mostrar que algo no funciona.
El fútbol tiene una memoria corta, pero los problemas empiezan a repetirse demasiado.
El Albacete necesita reaccionar. Y necesita hacerlo pronto. El equipo ha demostrado durante 45 minutos que puede competir, generar fútbol y someter a un rival. Pero también ha vuelto a demostrar que no sabe gestionar los momentos difíciles y que cualquier error puede convertirse en un golpe definitivo.
La situación obliga a tomar decisiones. Y una de las primeras miradas apunta inevitablemente al banquillo. Alberto necesita encontrar soluciones para un equipo que, después de seis jornadas, sigue sin levantar cabeza.
Porque esta vez el problema no fue empezar mal.
Esta vez el Alba empezó como un huracán y terminó como tantas otras veces: dejando escapar un partido que tenía en sus manos.