Escrito por: Rodrigo Quero
jueves, 10.09.2026
Víctor Varela, vicepresidente del Albacete Balompié, ha concedido una entrevista a Radio Castilla-La Mancha en el marco de la Feria de Albacete. El dirigente ha analizado sin tapujos el complicado arranque liguero del equipo, ha defendido el trabajo de la plantilla y del cuerpo técnico, ha explicado la filosofía de gestión de la familia Kabchi ante los momentos de crisis, y ha puesto en valor el crecimiento de la afición, que roza los 10.000 abonados por cuarta temporada consecutiva.
«No, evidentemente, el arranque no ha sido ni el esperado ni el deseado. Desde cualquier ámbito futbolístico, después de ver la confección de la plantilla, cualquiera podía pensar que el Albacete tenía un bloque de garantías para afrontar la competición. Pero luego el fútbol pone muchas veces trabas, y los que somos del Alba estamos acostumbrados a que nos ponga en dificultades; es algo habitual que forma parte de nuestra historia. Desde el ámbito de gestión, lo que tenemos que intentar es facilitar que el equipo, como ha dicho perfectamente nuestro capitán, tenga el entorno más seguro, más adecuado y más propicio para poder competir. Por eso decía esta semana: “No voy a ser partícipe ni voy a dar pie a que haya ningún tipo de debate con respecto a nada”. Ahora mismo tenemos que estar todos unidos, trabajar y dejar que el equipo siga una evolución positiva, porque tenemos las herramientas necesarias para competir en esta categoría, que cada año es más complicada y compleja.»
«Yo no creo en la suerte, creo en las circunstancias. Lo que ha pasado son muchas cosas coyunturales que se han unido en apenas dos meses. Por parte del club, hubo un cambio absoluto en la mejora de los servicios médicos, que están en colaboración con los mejores especialistas a nivel nacional en lesiones específicas. También cambiamos los terrenos de juego. Hay circunstancias que no se pueden controlar; nosotros tenemos que intentar que lo controlable esté en el mejor ámbito posible para facilitar la salud de los deportistas. Pero luego hay elementos incontrolables, como las lesiones que veníamos arrastrando, la mayoría quirúrgicas, que son absolutamente incontrolables. Son circunstancias que se dan dentro del fútbol y que, desafortunadamente, pueden ocurrir, y tenemos que estar preparados.»
«Al final, evaluar plantillas es un concepto objetivo o subjetivo. Mi valoración, si analizamos jugadores contrastados en la categoría, su trayectoria y las circunstancias económicas de esta plantilla —superior a las de años anteriores—, es que tendría que ser muy competitiva. Lo de hablar sobre mejor o peor me parece complicado, porque las plantillas están sujetas al rendimiento. Yo siempre digo que las notas se dan el 30 de junio; entonces se ve si las plantillas dan o no más rendimiento. No quiere decir que la estructuración sea mejor o peor: hay grandes plantillas que no dan el rendimiento deseado y otras con menos recursos que rinden por encima de sus posibilidades. Un ejemplo claro: el año que éramos recién ascendidos, la plantilla dio un rendimiento superlativo, muy por encima de las expectativas, y terminó disputando un playoff de ascenso. Sobre el papel, probablemente todos diríamos que la actual tiene más recursos para competir. Pero luego las circunstancias de rendimiento condicionan las dinámicas. Por eso es importante atajar las crisis de resultados, porque las dinámicas, negativas o positivas, afectan al rendimiento. Y luego está el componente lesional: aquella temporada jugamos con 14 o 15 jugadores la mayor parte del tiempo y estuvieron disponibles casi siempre, excepto en el tramo final, cuando el equipo bajó algo su rendimiento. Si pierdes tres o cuatro efectivos importantes, el equipo se resiente. La valoración de las plantillas la discutiremos en junio, en función del rendimiento. No discrepo con lo que ha dicho Toché: por elementos a priori, sobre el papel, probablemente lleva razón.»
«Sí, pero insisto: yo creo que ellos coinciden conmigo. Ahora no es un momento de dudas. Hemos arrancado la temporada, hemos hecho una plantilla con mucha ilusión y tenemos un grupo de jugadores del que sabemos que muchos vienen sin pretemporada y tienen que coger el momento óptimo de forma. Otros, como me decía hace poco un preparador físico amigo mío: “Es que tenéis cinco postquirúrgicos”. Eso no es habitual en el fútbol: cinco jugadores importantes de la plantilla que vienen de pasar por el quirófano, con lo que conlleva coger el momento óptimo de forma y también la confianza. Muchas veces decimos: “Tiene el alta médica”. Sí, tiene el alta médica y probablemente el alta competitiva, pero ¿y su momento de forma? ¿Y esa confianza? Con toda la información que tenéis, no creemos que sea el momento de generar dudas, sino, al contrario, de dar confianza. Es el momento de que, como ha comentado nuestro capitán y como siente toda la plantilla, vean que el club está tranquilo. No está tranquilo porque los resultados inviten a la tranquilidad, en absoluto. Está tranquilo porque confía en ellos, en su trabajo, en el bloque y en los jugadores.»
«No, y aparte no es su estilo. La familia Kabchi es una familia de fútbol; han pasado por mil situaciones antes de Albacete: Boston River, el Táchira en Venezuela… Cuando hablas con ellos siempre transmiten esa pausa de saber cómo funciona el fútbol. Saben que esto son dinámicas, una montaña rusa, y que las decisiones en la euforia son malas consejeras. Ellos jamás evalúan nada sobre un partido hasta que no pasan al menos 48 horas. Hasta que las emociones no han bajado, no tenemos una conversación más sosegada sobre qué vimos del equipo, qué le faltó o qué no. No les gusta expresarse en caliente porque saben que los propios sentidos y las emociones te engañan. A mí tampoco me gusta señalarles. El club tomó una decisión en un momento determinado, evaluando una serie de parámetros, porque entendía que era lo mejor para el rendimiento del grupo. Aquí hay una cosa clarísima: para nosotros, por encima de todo, está el club. El club está por encima de las personas, de los directivos, de todo el mundo. Si se dan unos parámetros, obviamente se estudia y se analiza todo, pero no estamos en ese momento. Tienen que darse muchos elementos; no es solamente el resultado. Yo entiendo perfectamente al aficionado. El aficionado no puede estar contento; habrá dicho: “Madre mía, no hemos ganado nada”. Luego ya te pones a analizar el rendimiento en los partidos y algunas dudas ya no son tantas; algunas certezas también están. Aquí hay que tener la calma y la tranquilidad suficiente para afrontar una situación como esta, que no es agradable. Para el primero que no es agradable es para el propietario, pero también para la plantilla, el cuerpo técnico y la dirección deportiva. Esto forma parte del deporte; lo que pasa es que nos han educado a todos para ganar, y solo gana uno. Cuando pierdes, el problema es que no nos han enseñado a gestionar la derrota. Yo soy el primero: llevo 20 años trabajando en un club y me cuesta asimilar la derrota; necesito al menos un día. Durante ese día estoy totalmente fuera, pierdo el foco. Luego digo: “Mañana por la mañana analizamos todo lo ocurrido”. Esto es exactamente igual. Ahora mismo estamos en esa crisis de resultados, pero creemos que el trabajo, la plantilla y las herramientas que tenemos son lo suficientemente competitivas y fiables como para afrontar esta competición sin bajar la cara ante nadie y poder ganar cualquier partido. Con esa confianza se lo transmitimos al grupo, porque en un momento así lo que necesita es confianza, no dudas. Y nosotros, desde luego, no tenemos ninguna duda en ellos.»
«Sin duda. La semana pasada, después de la derrota, sufrí especialmente al mirar aquella grada de Castalia y verla llena de aficionados del Albacete. El aliento que nos han dado en estos partidos, incluso con resultados adversos, y el desplazamiento… Estoy seguro de que en Granada van a estar también. Ahora mismo los jugadores tienen el compromiso de darle a la afición esa alegría. Y me alegraría especialmente por el grupo, porque es un grupo muy unido; Jesús lo representa perfectamente. Es un grupo supercomprometido, muy profesional, con lazos muy fuertes entre ellos. Hoy, viéndolos entrenar, es una maravilla. Y se lo merecen, porque realmente han merecido más que llevar ese casillero sin puntos. Ojalá sea en Granada ese punto de inflexión.»
«Esta temporada hay que poner en valor eso. Es una cifra que, durante muchas décadas, se intentó superar: la barrera de los 10.000 en Segunda División. Fue imposible y llevamos cuatro temporadas superándola, con gente cada vez más joven. Notamos ese calor y ese aliento de la afición, sin perder esa identidad tan bonita del fútbol manchego. A mí, que vengo de otras latitudes, me encanta ver las familias que van al Carlos Belmonte, el ambiente de fiesta cuando hay partido, la gente disfrutando de su equipo, y que nunca hay incidentes con aficiones contrarias; la gente es muy hospitalaria. Es nuestro sello de identidad, algo para estar muy orgulloso y que hay que poner en valor. Me gusta mucho cuando voy por la feria y no veo ni camisetas del Barça ni del Madrid —alguna del Atleti he visto—, solo camisetas del Albacete. Eso quiere decir que hay un sentimiento de pertenencia arraigado, que va incrementándose y creciendo. Y luego, como has dicho antes, hay partidos, fechas y temporadas en las que quizá no se consigue algo extraordinario en la Liga, pero hay eventos que generan ese efecto llamada, como pudo ser la participación en la Copa del Rey. Eso es una semilla que se siembra y que este año también se recoge en la campaña de abonados. Hay gente que fue al Belmonte, vivió una experiencia inolvidable y quiere volver a hacerlo. Eso es lo que tenemos que intentar: que cada vez el Belmonte sea ese lugar de fiesta donde celebrar muchas victorias del Albacete.»