Escrito por: 5 más el descuento
domingo, 11.10.2026
Cinco goles a favor y quince en contra en ocho jornadas resumen el principal problema del Alba. El equipo genera ocasiones, con José Corpas entre los mejores rematadores de Segunda, pero le falta acierto arriba y contundencia atrás. El nuevo técnico quiere corregir ambos extremos para cambiar la dinámica.
El Albacete Balompié no necesita mirar demasiado lejos para encontrar el origen de su delicada situación. Los números de las ocho primeras jornadas señalan directamente a las áreas: cinco goles marcados y quince encajados. Un balance insuficiente que explica buena parte de los problemas de un equipo que todavía no ha conseguido ganar en Liga y que afronta el estreno de Joseba Etxeberría desde el último puesto de la clasificación.
El técnico vasco lo tiene claro desde su llegada al Carlos Belmonte. El Alba dispone de argumentos futbolísticos, pero necesita traducirlos en resultados. Para ello, debe mejorar la eficacia cuando llega a la portería contraria y reducir los errores que le están condenando en la propia. No es una cuestión exclusivamente táctica: también intervienen la concentración, la toma de decisiones y la confianza de los futbolistas en los momentos determinantes.
«Donde tenemos que mejorar es en las áreas, tanto en la eficacia ofensiva como en la contundencia defensiva», explicó Etxeberría en la previa de su debut. El entrenador no quiere que la falta de gol se convierta en una obsesión, pero sí que el equipo aprenda a aprovechar mejor sus llegadas y a defender con mayor seguridad.
La visita de este lunes al Real Valladolid será la primera oportunidad para comprobar si el mensaje empieza a calar. El nuevo técnico ha dispuesto de más días de trabajo de lo habitual para conocer a la plantilla e introducir sus ideas, aunque el margen para revertir la situación sigue siendo reducido.
La falta de gol resulta especialmente llamativa si se observa la producción ofensiva del equipo. José Corpas es el segundo máximo rematador de la categoría, con 11 disparos en las ocho primeras jornadas, solo por detrás de Camara, del Castellón. El dato demuestra que el extremo encuentra situaciones para finalizar, pero también deja una pregunta sobre la mesa: ¿cuántas de esas llegadas terminan teniendo un impacto real en el marcador?
El problema no se limita a un único futbolista. El Albacete ha repartido sus cinco tantos entre cinco goleadores diferentes: San Bartolomé, Dani Bernabéu, Higinio, Álex Rubio y Rober González. Esa variedad evita que toda la responsabilidad recaiga sobre un solo jugador, pero también evidencia que el equipo todavía no ha encontrado una referencia capaz de marcar diferencias con regularidad.
Mario Soberón y el propio Corpas han protagonizado distintas aproximaciones y han dispuesto de oportunidades para ampliar sus registros. Sin embargo, el Alba está pagando la falta de precisión en los metros finales. En una categoría tan igualada como Segunda División, perdonar cuando se domina o se encuentra una vía para hacer daño suele tener consecuencias. El equipo manchego lo ha comprobado jornada tras jornada.
Etxeberría no pretende que sus jugadores cambien su manera de entender el fútbol de la noche a la mañana. Su apuesta pasa por mejorar las ubicaciones en el área, coordinar mejor los movimientos ofensivos y trabajar las situaciones que permiten transformar una llegada en una ocasión clara. El entrenador considera que la plantilla tiene gol y que la solución pasa por insistir en el trabajo, sin dejar que la presión por marcar termine bloqueando al equipo.
Si la producción ofensiva preocupa, el comportamiento defensivo resulta todavía más determinante para explicar la clasificación. El Albacete ha recibido quince goles en ocho partidos, una media cercana a los dos tantos por encuentro. Además, ha encajado en todas las jornadas disputadas, un dato que refleja la dificultad para cerrar los partidos sin conceder.
El equipo ha cometido errores en momentos decisivos, ha permitido que los rivales encuentren espacios y no siempre ha sabido proteger las ventajas. La derrota por 1-3 ante el Eibar fue el último ejemplo: el Alba se adelantó en el marcador y completó una buena primera mitad, pero terminó perdiendo después de conceder demasiado tras el descanso.
No todo se explica por los centrales o por el trabajo del portero. Defender mejor implica que el equipo esté más junto, que el centro del campo ayude a proteger la zona de rechace, que los laterales midan sus incorporaciones y que todos reaccionen cuando se pierde la pelota. Etxeberría necesita construir esa responsabilidad colectiva para evitar que cada error se convierta en una ocasión clara del rival.
El reto es especialmente importante porque, con cinco goles a favor, cualquier tanto encajado obliga al equipo a remar contracorriente. El Alba no está encontrando la eficacia necesaria para remontar partidos y tampoco logra conservar los resultados favorables. Así, sus dificultades ofensivas y defensivas se retroalimentan.
El debut de Etxeberría en el José Zorrilla, este lunes a las 14:00 horas, será una primera medida del alcance de ese trabajo. El entrenador tendrá que decidir cómo ordenar al equipo, qué futbolistas pueden ofrecerle más garantías y cómo equilibrar la necesidad de atacar con la obligación de proteger su propia portería.
La clasificación no admite demasiadas interpretaciones: el Albacete suma un punto de 24 posibles y necesita empezar a ganar. Pero la reacción no llegará únicamente con una mejor actitud o con un cambio de sistema. El equipo tendrá que demostrar que puede sostener su rendimiento durante los noventa minutos, aprovechar las ocasiones que genere y reducir los regalos al rival.
Dominar las áreas es, en definitiva, la primera tarea de Etxeberría. El Alba necesita convertir sus remates en goles y dejar de conceder tanto. Si no corrige ambas cosas, cualquier mejoría en el juego corre el riesgo de quedarse en una buena impresión sin premio en la clasificación. El nuevo entrenador ya ha identificado el problema; ahora le toca encontrar las soluciones sobre el césped.