El bonito detalle del Albacete: merienda con Etxeberría de los aficionados que viajaron a Valladolid y Gijón

Escrito por: 5 más el descuento

viernes, 23.10.2026

El club reúne en el Belmonte a ocho aficionados que viajaron a Valladolid y Gijón con Joseba Etxeberría en un encuentro cargado de sentimiento, cercanía y albacetismo en medio de una situación deportiva límite.

El Albacete atraviesa uno de esos momentos en los que cuesta encontrar respuestas. Los resultados golpean, la clasificación aprieta y la confianza se resiente con cada jornada. Nueve derrotas en diez partidos dibujan una realidad tan dura como incontestable: el Alba es colista y firma los peores números entre los equipos de las principales categorías del fútbol español. Pero hay algo que no aparece en ninguna clasificación y que, incluso en los días más oscuros, sigue en pie: su gente.

Precisamente a ella ha querido acercarse el club este viernes con una iniciativa que va mucho más allá del fútbol. Desde las 19.00 horas, el área Business del estadio Carlos Belmonte ha acogido un encuentro especial entre Joseba Etxeberría y los once aficionados que estuvieron presentes en los desplazamientos a Valladolid y Gijón. Dos viajes, dos derrotas y dos golpes difíciles de digerir para quienes siguen al equipo sin importarles los kilómetros, el frío o el resultado que les espere al final del partido.

De aquellos once seguidores, ocho han podido acudir a la cita. Algunos de los invitados residen fuera de Albacete y no han tenido la posibilidad de estar presentes, pero el sentido de la iniciativa no cambia por ello. El club ha querido reconocer a quienes estuvieron allí cuando las cosas ya pintaban mal y que, pese a todo, siguieron acompañando al equipo.

Porque viajar con la ilusión de ver ganar al Alba y regresar a casa con otra derrota es una de las caras más amargas del fútbol. Más aún cuando la dinámica parece no tener fin y cada jornada añade una nueva dosis de frustración. Quien se desplaza no solo invierte tiempo y dinero: pone también una parte de sus emociones en un equipo que, en estos momentos, devuelve demasiado poco en forma de alegrías.

Una charla más allá de los resultados

El encuentro con Etxeberría ha servido para compartir sensaciones en un momento especialmente delicado. No era una tarde para esconder la realidad ni para fingir que todo marcha bien. Las nueve derrotas en diez partidos pesan demasiado como para mirar hacia otro lado. Sin embargo, precisamente en las malas rachas es cuando más valor adquieren los gestos de cercanía.

La iniciativa ha permitido reunir al técnico con algunos de los seguidores que han vivido de primera mano los últimos tropiezos lejos del Belmonte. Un encuentro distinto, sin la distancia habitual entre el banquillo y la grada, en el que el albacetismo ha ocupado el centro de la escena.

El club, además, ha ofrecido una merienda a los asistentes, un detalle sencillo que ha contribuido a crear un ambiente cercano y familiar. Porque a veces el fútbol también consiste en sentarse a la misma mesa, conversar y recordar que, por encima de los resultados, hay una historia compartida y un sentimiento que no entiende de clasificaciones.

Cuando más cuesta, más importa estar

El Albacete necesita victorias. Las necesita con urgencia, porque la situación deportiva no admite demasiadas vueltas y la clasificación no espera a nadie. Ninguna merienda ni ningún encuentro con los aficionados va a cambiar por sí solo una dinámica que exige respuestas sobre el césped. Pero eso no resta valor a una iniciativa que pone el foco en quienes siguen ahí, incluso cuando animar empieza a doler.

Valladolid y Gijón dejaron dos derrotas que hundieron un poco más el ánimo de una afición castigada por los resultados. Este viernes, en cambio, el Carlos Belmonte ha ofrecido otra imagen: la de un club que busca acercarse a los suyos en lugar de darles la espalda cuando llegan las dificultades.

Ocho aficionados han compartido una tarde con Etxeberría. Puede parecer poco frente a la magnitud de la crisis, pero el gesto encierra un mensaje importante. El Alba sabe que su gente está sufriendo y ha querido dedicarle tiempo, escucharla y reconocer su fidelidad.

Ahora toca que el equipo responda donde debe hacerlo, sobre el terreno de juego. Que el esfuerzo de quienes recorren cientos de kilómetros encuentre algún día su recompensa. Que el siguiente viaje no termine con el mismo sabor amargo y que el Belmonte vuelva a tener motivos para celebrar.

Mientras tanto, hay algo que permanece intacto. Las derrotas se acumulan, la clasificación duele y el futuro inmediato exige una reacción. Pero el albacetismo sigue ahí. Y cuando un equipo atraviesa sus horas más bajas, saber que no está solo puede ser el primer paso para empezar a levantarse.