Escrito por: 5 más el descuento
sábado, 17.10.2026
Cerca de 60 seguidores, junto a la Federación de Peñas, emprendieron en la madrugada de este sábado el largo viaje hasta Asturias para acompañar al equipo en plena crisis. El Albacete llega a la décima jornada hundido, pero su gente no falla. Qué mérito y cuánta falta hace ese apoyo.
Hay viajes que se explican por la ilusión y otros que solo se entienden desde el sentimiento. El desplazamiento a Gijón de este sábado pertenece a la segunda categoría. La Federación de Peñas del Albacete Balompié y alrededor de 60 aficionados iniciaron de madrugada el camino hacia Asturias para estar junto a su equipo en uno de los momentos más delicados que se recuerdan en el Carlos Belmonte.
No es un viaje sencillo. Son muchas horas de carretera, un fin de semana lejos de casa y un desembolso importante para acompañar a un equipo que, hasta ahora, apenas ha ofrecido motivos para el optimismo. El Alba llega a la décima jornada con un solo punto de 27 posibles, colista y después de encajar un doloroso 5-0 en Valladolid en el estreno de Joseba Etxeberría. Un comienzo que ya se ha ganado comparaciones con los peores de la historia reciente de Segunda División.
Y, aun así, ahí están ellos. Porque la afición no entiende de estadísticas cuando se trata de defender sus colores. Viaja, anima, sufre y vuelve a intentarlo, incluso cuando el equipo parece empeñado en poner a prueba la paciencia de quienes nunca le han dado la espalda.
El mérito de esos seguidores es enorme. Mientras crecen el enfado y la preocupación por la situación deportiva, decenas de albacetistas han decidido estar presentes en Gijón. Allí se unirán a otros aficionados que viven en Asturias o que han aprovechado el fin de semana para acompañar al equipo. La distancia no ha podido con el sentimiento, aunque los resultados hayan golpeado con dureza.
La imagen contrasta con la realidad de un Albacete que necesita recuperar su identidad. La goleada de Valladolid dejó una sensación de impotencia difícil de olvidar y el cambio de entrenador todavía no ha servido para modificar el rumbo. El equipo debe mucho a una afición que continúa respondiendo cuando más complicado resulta hacerlo.
Por eso, el desplazamiento a Gijón tiene un valor que va más allá de la cifra de viajeros. Es una muestra de fidelidad, pero también un recordatorio para los futbolistas: detrás del escudo hay una ciudad que sufre, una hinchada que invierte tiempo y dinero y una masa social que merece algo más que derrotas y decepciones.
El Sporting será la siguiente prueba para un Alba que necesita puntos, pero también una señal de vida. No bastará con agradecer el apoyo ni con hablar de compromiso en la previa. La respuesta debe llegar en el campo, con un equipo reconocible, competitivo y dispuesto a pelear cada balón.
La permanencia queda todavía lejos y el panorama es preocupante, pero la temporada no ha terminado. La afición sigue ahí y esa es una de las pocas certezas que conserva hoy el albacetismo.
Bravo por esos 60 valientes que han salido de madrugada rumbo a Gijón.
Por quienes viajan, por quienes animan y por quienes no renuncian a su equipo ni siquiera en el peor momento. El Alba necesita recuperar muchas cosas, pero tiene una que no se compra ni se improvisa: una afición fiel. Ahora le toca demostrar que está a la altura de ella.